jueves, 24 de noviembre de 2011

Cali en 35 mm


Juan Carlos González A.

Publicado en el periódico El Tiempo (Bogotá, 24/11/11). Pág. 20
©Casa Editorial El Tiempo, 2011

Por una gentil invitación de Luis Ospina –Director artístico Festival Internacional de Cine de Cali- asistí la semana anterior a la tercera versión de este evento. Para Luis, Sofía Suárez y el equipo de la Secretaría de Cultura y Turismo de Cali van mi agradecimientos por todas las innumerables atenciones y muestras de afecto que tuvieron para conmigo. Es un placer encontrar un grupo humano tan sinceramente comprometido en una causa común y obviamente los resultados de ese esfuerzo se notan. 

Los invitados internacionales fueron de gran altura, empezando por el director Charles Burnett, una figura de primera línea que nos sorprendió por su amabilidad, claridad y sencillez. A él se sumaron la documentalista y docente española Elena Oroz, la directora, guionista, periodista y actriz georgiana Nino Kirtadze; los integrantes ibéricos de Playtime audiovisuales; así como un buen número de invitados nacionales que hicieron de las actividades académicas un espacio enriquecedor.

Una programación de cine que cuenta con más de diez secciones paralelas es sencillamente inabarcable y causa frustración poder ver solo un limitado número de películas. Además de filmes de Burnett y de Kirtadze, se ofreció una retrospectiva de Victor Kossakovsky y una muestra de cine contemporáneo internacional en la que quise concentrarme, sobre todo ante el desierto infame en el que se ha convertido la cartelera habitual de cine de nuestro país, que definitivamente dio la espalda a los cinéfilos. 

La joya de la corona del Festival fue la presentación en 3D de La cueva de los sueños perdidos (2010), un reciente documental del alemán Werner Herzog que nos introduce a la cueva de Chauvet en Francia, para mostrarnos con respeto las imágenes rupestres más antiguas de la humanidad. La tercera dimensión permite apreciar las concavidades e irregularidades de las paredes donde están los dibujos, y así mismo captar el grado de dificultad del rodaje. También fue una grata sorpresa ver El hombre que grita (2010) de Mahamat-Saleh Haroun, Premio del Jurado en Cannes el año anterior, una mirada a la guerra civil en Chad desde la perspectiva de un hombre que se debate en sus tormentas interiores. Medianeras (2011) de Gustavo Taretto es una bocanada de aire fresco, tan efectiva como calculada. Aita (2010) del vasco José María de Orbe fue una experiencia compleja, fantasmagórica, sin duda inquietante. 

Larga vida a este Festival, un refugio que los amantes del cine tenemos que defender y conservar.