jueves 13 de octubre de 2011

Con Audrey en la Quinta Avenida


Juan Carlos González A.

Publicado en el periódico El Tiempo (Bogotá, 13/10/11). Pág. 18

“No soy Holly. Tampoco soy Lula Mae. No sé quién soy. Soy como este gato. No tenemos nombre, no pertenecemos a nadie y nadie nos pertenece. Tampoco nos pertenecemos el uno al otro”. El desespero inunda las palabras de Holly Golightly, una indómita mujer que de repente se enfrenta al vacío de su existencia y no le gusta lo que ve. Es la protagonista de la versión fílmica de Desayuno en Tiffany´s, que el 5 de octubre cumplió 50 años de su estreno en el Radio City Music Hall de Nueva York. 

La película, que en nuestro idioma se ha conocido con los títulos de Desayuno con diamantes, Diamantes para el desayuno y Muñequita de lujo, supuso todo un reto para la Paramount Pictures y para la actriz Audrey Hepburn, pues tenían que conseguir que la adaptación de la novela homónima de Truman Capote no solo no asustara al público norteamericano de principios de los años sesenta, sino que además no arruinara la imagen y la carrera de Audrey, construidas a la medida de los papeles blancos, dignos y honorables que había representado hasta ahora. Ella era toda una princesa. Y Holly era una prostituta.

Capote quería que Marilyn Monroe interpretara el papel, pero los productores de la Paramount, Marty Jurow y Richard Sheperd, tenían otros planes en su cabeza. Ellos querían que fuera Audrey y lograron –contra todo pronóstico- convencerla. La actriz vio en ese rol un reto y a la vez la oportunidad de probar la magnitud de su rango dramático. Holly Golightly se convertiría en su papel más emblemático, la actuación por la que iba a ser recordada metida en ese traje negro de Givenchy, comiendo al amanecer un pan danés y una café frente a la vitrina de la joyería Tiffany & Co. en el No. 727 de la Quinta Avenida con la calle 57 de Manhattan. 

Ante la imposibilidad de contar con Wyler, Wilder, Cukor o Zinnemann como directores –la lista fue sugerida y casi que exigida por Audrey, quien se negó a trabajar con John Frankenheimer que era la primera opción de la Paramount- los productores recurrieron a Blake Edwards, un hombre joven que trajo consigo a Henry Mancini, compositor de la banda sonora y la canción Moon River, casi un himno del filme.

Entre todos harían un filme que mostró una nueva perspectiva de la mujer en el cine –un ser independiente, sexualmente activo, libre de temores y recato- dentro de la historia triste de dos seres con una enorme soledad a cuestas que son redimidos al final por el amor que sienten. Un clásico de Hollywood que sigue vigente y reluciente.


1 comentarios:

Monica dijo...

me encanta como actriz, cuando estuve en un hotel en bariloche vi un monton de pelis de ella, tambien es modelo?